MARATÓN POÉTICO

gargantas

“[…] Kokoro es el leve tallo en el que injertar el asombro ante el mundo.

Por eso Kokoro acoge las lenguas huérfanas, abre el espacio para lo híbrido, lo mezclado, lo impuro, lo no catalogable por las taxonomías profilácticas trazadas por la lengua de poder. […]”

Quiénes somos Kokoro.

La poesía es un arte tan complejo como metamórfico, lleno de dulces lenguas bífidas que enzarzan mente y corazón en un mismo cúmulo de engaños hermosos y crueles.

Es algo complejo, sinuoso, cristalino y aberrante, pero magnífico.

El arte de la escritura ya es de por si pasional, pero cuando este fija su carácter en lo poético, se convierte en sublime. Tan sublime que también resulta distante y a veces demasiado frío para oídos vírgenes, tan ciegos que no pueden entender que en realidad, los poemas, los escriben corazones demasiado calientes como para seguir la gramática de lo mundano.

Por eso cierro los ojos cuando escucho poesía. Por que en mi profesión, el ojo me impide entender puramente lo que mis oídos engullen, dejando de escuchar en plenitud lo que el sonido puede evocar cuando se está virgen de imagen.

Ayer asistí a mi primer recital de poesía. Voluntariamente. Cerré los ojos y dejé que aquellas dulces y rasgadas voces acunaran mis sentidos. Vi poesía. Y en la negrura del reverso de mis párpados formulé la inquebrantable promesa de algún día, las hermosas y crudas palabras que acunaban mis oídos, podrían reflejarse en el espejo.

En Inusual Project, donde se ve que se hacen muchas cosas así, Luna Miguel organizó el maratón poético 8 gargantas, donde varias poetisas y narradoras deleitaron al numeroso público con varias lecturas incandescentes, complementadas con un inesperado bonus track masculino a cargo de un joven mejicano cuyo nombre no recuerdo ni encuentro por ningún lado.

Estas fueron, y volverán a ser, las lenguas de palabras dulces y rasgadas.

Laia López ManriqueMaría YusteHenar BengaleLucía ClementineAna CorreroLola Nieto,Aleida Belem Salazar y Guillermina Torresi.

Y para aquellos curiosos, y para mí, cito algunas de sus obras.

Laia López Manrique

“Ellas. Gorriones sobre la tierra negra, carruajes de lúnula, raspaduras. Quiénes son, dijeron: ellas, gorriones sobre la tierra negra, carruajes de lúnula, raspaduras. [Ellas tienen]: No, ellas no tienen. Ellas guardan deseo. Ganas de hervir. […]” Rasga(d) las vestiduras.

María Yuste

“[…] Sería que aquel cuarto oscuro y estrecho, o aquel artefacto tan grande y desconocido o, no sé, que soy una llorica, simplemente. No me acuerdo, solo sé que lloraba como la Virgen María en esas estampitas que las abuelas tienen en las mesitas de noche. La Dolorosa. En una de las fotos me parezco. […]” Vida de Provincias. La Dolorosa.

Henar Bengale

“vimos el cambio: de bestia a sombra de sombra a trazo
vimos el cambio: de piel a escama de escama a acero

luego el acero se fundió y forjamos plumas
llenamos tus omoplatos y fingimos alas

entonces el dragón
corona carmesí
astro de sangre o del cazador

entonces el lobo hecho jirones de algodón oscuro

entonces despertamos

entonces te extrañamos.” Vimos el cambio de bestia a sombra de sombra a trazo

Lucía Clementine

“Estoy viendo como
mi amante
esta acariciando
el muslo
de otra chica.

Podría dolerme
más
de lo que ahora
me duele.
Pero supongo
que hay otras
cosas
en las que pensar.

Como el vaso de cerveza
que me desaparece
cada vez que
lo suelto en
la mesa.
No sé quien
me lo quita.
Quizás
una persona diferente
cada vez.

No quedan más vasos limpios.

Él le esta acariciando el muslo.

Podría irme a dormir
y desaparecer.
Pero quiero recuperar mi vaso
y
también
a mi hombre.” Evitar perder

Ana Correro

“Koilon:
Cada grada es un poro
rezumante de duda.
 
Y te palpan la boca
con sus retinas húmedas.
 
Tu religión es un muestrario
de anatomía en movimiento.
 
Parodos:
No cubre el maquillaje
las escamas que mudas.
 
A tu paso goteas
un meandro de piel.
 
Vienes a morir en peregrinaje
Al cementerio de las máscaras.
 
Orchesta:
Vidrio roto en el suelo
da eco a un mandato.
 
La ausencia de moral
frustra el acto del vicio.
 
Te limpian los restos del alcohol
con la sangre hervida de las bestias.
 
Proskenion:
El vuelo de las moscas
orea la madrugada.
 
Escápate desnuda
a la cuenca naciente.
 
Se anuncia una sequía de grietas
tras el abandono del escozor.” Teatro Griego

Lola Nieto

“Recuerdo que estoy en casa de mi abuela. En el baño. Tengo siete años. Termino y miro el interior del hueco de la taza. Observo mis heces y su forma. A veces es un pájaro, otras un barco o una casa, un árbol con hojas o sin hojas, depende, a veces incluso un tenedor o un zapato. Le digo a mi abuela mira me ha salido una jirafa. Me dice no seas cochina. Nunca más le enseño mis heces. A nadie.” Alambres

Aleida Belem Salazar

“Cuál es el estado
de la tristeza
      si corrompe
      los párpados

cómo se forma 
la condensación 
de lo que se consume 
      y abre sus brazos 
para quien la voluntad
sólo es lejanía
un lugar inalcanzable 

en el centro hay un nido
que no gesta

lo insostenible del abandono
      lo irreparable
voy sustrayendo esta facultad
para repetir la naturaleza apática 

no amo ya
     porque el animal 
se apoderó del vaho
y sólo queda
el temblor la postilla” Constitución física de lo irreparable

Guillermina Torresi

Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida. Llueve hoy anunciando que seguirá mañana, augurando más horas de pies congelados y hambrientos, adivinando el delirio que supone esperar el calor que la calle no te presta. El suelo está lleno de charcos oscuros que permanecen en silencio durante toda la madrugada; no quiero quejarme pero es la noche esa cruel compañera que me arrastra.

“Llueve sin fuerza, sin reclamo pero con ansia, el frío desespera mi estómago famélico y en la acera las manos no conceden, no dan, no obsequian siquiera consejos. En mitad del amanecer (presagio bienvenido) aparece un niño:

-¿Duele?

-¿El qué?

-Morirse, ¿duele?

-Duele la espera.

Tardé un rato en explicarle que el desamparo es peor que la muerte, tardé porque no quise que se fueran de sus ojos las pocas creencias que lo acompañaban. Cuando encuentras a tu lado unas entrañas tan jóvenes y caes en la cuenta que convive igual que tú, te queda únicamente creer que vendrá otra lluvia, otro día, de un distinto color. Y confiar.” Huesos que suspiran y segregan

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