ALEX ARTEAGA

transient

“There is no clear and stable sense of interiority or exteriority in the pavilion. Both perceptions oscillate in a fluid relationship to one another.”

Architecture of embodiment.

La disgregación de los conceptos “dentro” y “fuera” de un espacio, es tan estúpida como socialmente aceptada.

El hecho de edificar cuatro paredes con las que protegerse del exterior, y añadir una maldita ventana, es contradictorio.

¿Cuántas veces me habré quedado embobada, como un crío que trata de entender de dónde salen las piedras, mirando el ridículo ancho de las paredes que se percibe al abrir una ventana? Sólo mi madre lo sabe (la cual por cierto no supo explicarme de dónde salían las piedras).

Entrar y salir de una casa es como traspasar dimensiones paralelas. Transcurren al unísono y sin embargo parecen demasiado distantes cuando las observamos desde una de ellas. Que es siempre. Tan lejos y tan cerca, sólo las separan unos centímetros de tocho, cemento y yeso. ¿No es demasiada poca distancia para considerarnos dentro o fuera de nuestro hogar? Para mí sí, pero de todos modos no hay nada como la sensación de “llegar a casa”. Igual que tampoco hay nada como el sentirse sin hogar. Vacío.

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El vacío es aquello que sólo sentimos cuando hemos vivido la plenitud, o al menos parte de ella. Eso de que las cosas existen por que también pueden no existir. Como la luz y oscuridad, el vacío y el lleno, el sonido y el silencio.

A veces el silencio es tan doloroso como comprender que no tenemos respuesta a la existencia de las cosas. El silencio brusco es lo que nos devuelve a la realidad, pero dejándonos indefensos ante la incomprensión de lo sucedido, flotando en la realidad silenciosa.

Esto es de lo que trata Transient Sensesde flotar en la realidad silenciosa mientras los ruidosos muros se expanden ante el silencio abrupto.

Hasta el 21 de Junio en el Pavelló Mies Van Der Rohe se expondrá Transient Senses, una instalación sonora que, integrada hasta la invisibilidad, explora los límites físicos de la arquitectura mediante el ruido y el silencio, rompiendo las barreras entre “lo que está fuera” y “lo que está dentro” pero conservando el espacio intacto.

La percepción sensorial de un espacio es lo que nos hace entender dónde estamos, pero si las señales usuales se invierten, los espacios se transforman, aunque no necesariamente de forma literal.

Alex Arteaga, junto con su equipo, transforman el Pabellón Alemán mediante el sonido y la carencia de este. El funcionamiento de la instalación es tan simple como imposible de adivinar por uno mismo. Un sistema de micrófonos instalados en las paredes exteriores, captan el sonido ambiente de fuera del edificio. Éste sonido se computa a través de un ordenador localizado en el sótano del Pabellón, que controla toda la instalación y reenvía el sonido a tiempo real, que es proyectado por los altavoces de dentro del Pabellón.

Lo que intenta, en primer lugar, es romper las barreras entre lo que ocurre dentro y fuera del Pabellón, convirtiéndolo en un espacio distinto pero sólo de forma perceptible para los oídos. Y luego, se produce una sensación abrumadora en el preciso momento en que el sonido calla. Es entonces cuando los muros de cristal y mármol se expanden y el Pabellón, por unos instantes, deja de ser como siempre ha sido. Estoico, inmóvil, perfecto.

Sin embargo, esta transformación sólo sucede para los oídos, pues el Pabellón sigue siendo estoico, inmóvil y perfecto.

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ALEX ARTEAGA

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