Tristan Perich

mermaids

“The whole nature of my project has to do with the transparency of electronic music. When people create art on a laptop there’s a great degree of mystery. We don’t know what’s happening in there.” Tristan Perich en The Telegraph

Al igual que las sirenas de Ulises que sólo cautivaban a aquellos amantes del mar, las máquinas parlantes de Tristan Perich sólo pueden entenderse si se escuchan del modo pertinente, de lo contrario, sólo se oye un perturbador ruido taladrante y monótono.

En Octave, una de las piezas de la colección Sound in Bits de Tristan Perich, expuesta en la galería Àngels Barcelona hasta el 8 de Mayo, es como una de las sirenas de Ulises.

El mensaje que emite la obra se percibe de formas distintas en función de si el sujeto receptor está quieto o en movimiento. Igual que las sirenas, sólo se entiende el sonido, sólo se aprecia cuando se escucha de la forma correcta, cuando se es marinero.

Al entrar en la sala blanca, inmóviles, perfectas, doce figuras cuadradas esperan impávidas reposando en la pared. Una calma extraña, entre tensa y relajada inunda el lugar, como si faltara algo pero a la vez estuviera todo en su sitio. Como en el mar.

Entonces, el comisario la hizo cantar. Una molesta y monótona sinfonía irreconocible ensordeció nuestros oídos, impidiéndonos escuchar el exterior pero sin entender lo que nos decía. Como una sirena.

“Corred en paralelo a ella”, nos dijo. Lo hicimos. Y como si de una extraña magia se tratara los cantos informes se convirtieron en una bonita escala melódica de do al do. De repente, todo tenía sentido: las máquinas, el sonido, su disposición, la sala blanca. Todo tenía un motivo y ahora lo entendíamos, o si más no, éramos capaces de apreciar el mensaje aún sin entender cómo funcionaba todo aquello.

Como los marineros, cautivados por el canto de las sirenas marinas, corrimos en paralelo a las máquinas de Tristan Perich hasta que una mano adulta las silenció.

“El sonido de cada altavoz nos parece distorsionado pero, en rigor, no lo está en absoluto. Desde el punto de vista del circuito electrónico, el sonido es puro. La impresión ruidosa resulta de la distancia que separa el funcionamiento de un circuito del funcionamiento de nuestro oído; es la rugosidad, la fricción, que hace audible la distancia entre dos mundos, entre dos lenguajes no del todo compatibles.”

[Extracto de Mediateletipos sobre Sound in Bits]

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