¡COPIAD MALDITOS!

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“Copiando se aprende”. Este dicho popular nos ha servido desde niños para justificarnos si alguien nos pillaba apropiándonos de la propiedad intelectual de otro (léase copiando al compañero). A veces esta era la única forma de aprobar, nuestra salvación, pero también nuestra peor pesadilla si éramos los copiados. Por que siendo sincero, jode mucho que te copien.

Evidentemente en un examen no vas a citar las fuentes de tu información, así que si eras astuto jamás descubrían que en realidad, nada de lo que pusiste en la respuesta salió fruto de tus largas horas de estudio. Y precisamente esto es lo que al copiado le molestaba tanto, el que el profesor no supiera que en realidad eso había salido de su cabeza, y por ende, que terminara poniendo más nota al otro e incluso, que se te acusara a ti de copión. Eso era lo peor, por que entonces sólo te quedaban dos opciones: quedarte con la etiqueta de copión, o cambiarla por la de chivato, y esa era aún peor.

Todos hemos pasado por eso, nos hemos visto en ambas facciones, y que cada uno juzgue sus actos, pero yo me sentía fatal. En ambas situaciones.

Cuando me copiaban, me daba rabia que el otro pudiera parecer mejor que yo por el trabajo que yo había hecho. Y cuando copiaba, me daba rabia pensar que lo que escribía no lo había hecho yo, y que además me suspenderían si me pillaban.

Imagen de Jim Carroll (Leonardo DiCaprio) siendo públicamente castigado por su mal comportamiento en clase en BASKETBALL DIARIES.
Imagen de Jim Carroll (Leonardo DiCaprio) siendo públicamente castigado por su mal comportamiento en clase en BASKETBALL DIARIES.

Pero las épocas del colegio ya pasaron, y en la universidad s te copian es culpa del otro, por suerte. En la universidad cuantas más fuentes tengas citadas en tus trabajos, mejores serán, pues habrás contrastado más opiniones, más autores, más conocimientos, y habrás sacado tus propias conclusiones, tendrás una opinión propia. Así que el significado de copiar es distinto a medida que nos hacemos mayores. En el colegio te enseñaban a decir con tus palabras lo que otros habían pensado y escrito antes que tu. En la universidad te dan un millón de sistemas raros para citar hasta la página, el párrafo y la línea donde se encuentra la frase que has citado. Así que en el fondo, en el colegio nos incitaban a copiar y a esconder nuestra sucia artimaña, pero luego no dejaban de repetir que copiar estaba mal.

¿Entonces, copiar es o no es malo? Esa es la cuestión. 

Primero de todo ¿Qué es copiar? Según la RAE:

  • copiar.
  • (De copia).
  • 1. tr. Escribir en una parte lo que está escrito en otra.
  • 2. tr. Escribir lo que dice alguien en un discurso seguido.
  • 3. tr. Sacar copia de un dibujo o de una obra de pintura o escultura.
  • 4. tr. Imitar la naturaleza en las obras de pintura y escultura.
  • 5. tr. Imitar servilmente el estilo o las obras de escritores o artistas.
  • 6. tr. Imitar o remedar a alguien.
  • 7. tr. En un ejercicio de examen escrito, ayudarse consultando subrepticiamente el ejercicio de otro examinando, libros o apuntes.
  • 8. tr. poét. Hacer descripción o pintura de algo. En Argentina, u. c. prnl.
  • Definición de “copiar”. (n.d.). Consultado el 29 de marzo de 2015, Diccionario de la lengua española, página web de La Real Academia Española: http://lema.rae.es/drae/?val=subrepticiamente

En definitiva, copiar es imitar lo que hace otro, citando o no las fuentes originales, así que en realidad, el hecho de copiar no comporta necesariamente una implícita mala intención, como nos han hecho creer siempre. Copiar no es malo, aprovecharse de lo que otro ha hecho para obtener beneficios propios, sí. Y son cosas distintas.

Copiar para aprender, de donde viene el “copiando se aprende”, es lo que la humanidad lleva haciendo des del inicio de los tiempos, si no jamás habríamos evolucionado. Siempre hemos tratado de comprender nuestro entorno e imitarlo mediante la copia. Así empezamos a cultivar y a criar ganado, a desplazarnos siguiendo los ríos, a protegernos del frío y del calor, a hacer fuego y construir armas y refugios.

Copiar es algo natural, es lo que hacen los niños con sus padres, los jóvenes con sus ídolos y los mayores con sus recuerdos.

Aristóteles dijo unas de las frases más bonitas que aprendí en las soporíferas clases de filosofía de bachillerato.

“En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza.”

“La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia.”

Aristóteles (s. IV a.C.). Poética. 

Cuando hablaba de arte, no se refería sólo a lo que consideramos arte hoy en día. Antaño el arte existía en todas las cosas, y hacía que el hecho de copiar algo fuera en realidad una práctica artística, pues para él, copiar no era si no mejorar lo que ya se había hecho para así hacer una sociedad más bella. Claro que hablaba de copiar a la naturaleza, y por suerte de momento aún no tiene copyright.

Los grandes maestros clásicos compartiendo sus conocimientos en ESCUELA DE ATENAS de Raphael.
Los grandes maestros clásicos compartiendo sus conocimientos en ESCUELA DE ATENAS de Raphael.

¿Pero qué sucede cuando la copia (léase mejorar lo que ha hecho otro) es sobre la creación de otro ser humano? ¿Qué ha pasado para que la copia se considere tan horrible en ciertos ámbitos?

Algunos te dirán ¡capitalismo!, y les tratarás de conspiracionistas, pero en realidad no les faltará razón. Desde el momento en el que uno puede ganar dinero con lo que hace, el compartir (léase intercambiar tus ideas para que otro haga un producto mejor que el tuyo) ya no parece algo tan bueno. Pero sobretodo, desde el momento en el que uno puede ganar dinero con lo que otro ha hecho, el compartir deja de ser una opción.

Con la creación de la clase comerciante, el artesano vio como otro ganaba más dinero que él vendiendo las piezas que anteriormente le había comprado. Pero el artesano no tenía ningún derecho a reclamar, pues en realidad el comerciante de lejanas tierras se lo había comprado al precio que pedía. Y el comprador final, el consumidor, tampoco podía quejarse por los precios, pues si no quería ese artículo, nadie le obligaba a comprar. Pero si no lo compraba por ese precio, no lo encontraría en ningún otro sitio. A menos que el artesano se pusiera en contacto directamente con el consumidor y le ofreciera el precio que le había ofrecido al comerciante.

Así que entonces el comerciante de dentadura dorada, habiéndose dado cuenta de que este nuevo modelo de negocio le vaciaría las arcas, le propuso al artesano un negocio distinto, un contrato. El comerciante pagaría regularmente al artesano sin importar el nivel de ventas de éste, de modo que el artesano siempre tendría dinero para sustentarse. A cambio, el artesano no podría vender ninguno de sus productos por su cuenta, pues todos ellos pertenecerían al comerciante. Evidentemente, el artesano, sabiendo que había meses duros y tenía una familia que mantener, aceptó sin dilación y sin saber que jamás volvería a ser libre. Y así, el feliz comerciante de dentadura dorada siguió subiendo los precios hasta el fin de sus días.

Máquina de contar dólares.
Máquina contadora de billetes de dólar.

Esto sigue pasando ahora.

Por ejemplo, tomemos como muestra el mundo de la música. Las discográficas y demás han especulado tanto con los precios, han creado tantos lobbys y tantos intermediarios que la diferencia de precio entre lo que un músico pide y lo que que compra un consumidor es demasiado grande.

Hasta hace unos años, la gente compraba CDs, casetes y vinilos, pero con la expansión y evolución de Internet, la cosa cambió. Internet nació en el período hippie con el espíritu de convertirse en una base de datos de uso y acceso libre para todo el mundo, eso de paz y amor y compartir es vivir. Pues lo que iba a ser el fin de la era capitalista, el mercado lo convirtió en otra vía de ganar beneficios. En vez de aceptar que era algo totalmente distinto al sistema convencional y adaptarse a él, trataron de adaptar Internet al sistema convencional. Y no funcionó, o al menos no en todos los sectores.

Por eso hoy en día, que estamos al borde de otro cambio considerable en el sistema, parece que las cosas en la industria de la música, del cine y de la literatura (por ejemplo) se están revolucionando. Ya nadie paga por el producto en si, ahora se paga la experiencia con la que viene envuelta el producto. Conciertos espectaculares, merchandising exclusivo, preestrenas con los actores, conferencias con escritores… Desde que todo se puede encontrar en la red de forma gratuita, lo que se valora realmente es la experiencia física, lo que no está en Internet. Y esto es un hecho que muchas productoras y editoriales se niegan a comprender.

La naturaleza de Internet es compartir todo el conocimiento de la sociedad, es crear una base de datos para intercambiar ideas y crear otras de nuevas y mejores, más potentes, en comunidad y sin depender del sistema. Así que si algo se puede colgar en Internet, nos guste o no, se va convertir en objeto de dominio público, no porque nadie tenga derecho sobre ello, sino porque lo que se sube a la nube, es de la nube. Y la nube no tiene dueño real.

Jay y Silent Bob en un fragmento de CLERKS.
Silent Bob y Jay en un fragmento de CLERKS.

La cuestión se balancea entre permitir la libre divulgación a través de Internet y así llegar a todo el mundo y convertirte en una persona de renombre y ser pagada por ello (en las posteriores conferencias y eventos que realices como persona famosa), o esconder tus creaciones bajo el suelo de la cocina para que nadie jamás pueda copiarte, robarte o imitarte, ni por supuesto atribuirte el mérito.

¿Habría algún tipo de camino intermedio? Pues lo hay y es evidente, o al menos para aquellos que hemos nacido en la era digital y que hemos crecido con todo el conocimiento al alcance de un click.

Para nosotros, hijos de Internet, si coges algo que no es tuyo, y eres una persona más o menos decente, vas a citar al autor original, por que si no lo haces, y esto es como en el colegio, todos lo sabrán (por que es aún más fácil descubrirte) y ya no tendrás credibilidad alguna, que es lo único que realmente importa en Internet. Así que si coges algo que no es tuyo, pones de quién es, y quedas como un señor.

Otro asunto es, qué pasa si esta persona te ha citado pero se lucra con lo que tu has hecho. Bueno, pues entonces sí se puede denunciar, y la propia comunidad de Internet repudiaría a quien lo hiciera, pues nadie quiere que se aprovechen de su trabajo, y menos aún para ganar dinero. “Si lo cuelgas gratis, gratis debe permanecer” o algo así. Así que si haces un vídeo y le pones una canción de fondo, si a ti no te pagan nada, pues sólo citas al autor. Pero en el momento en el que te dan algo por ese video, el cual lleva una canción que no es tuya, pues debes repartir los beneficios.

Lo queremos todo gratis, pero queremos recibir dinero por lo que hacemos. ¿Hipócrita no? Pues sí. Y este es el dilema.

En “¡Copiad Malditos!”, un documental de Elegantmob para TVE, hablan sobre esta cuestión.

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